• Portada del Libro.

  • Personaje principal.

J. IVAN QUEZADA RIVERA

Iván, un chileno residente en Houston, que además de ser conocido por liderar la agrupación de Amigos 4 Learning y profesor de escuela primaria, es periodista y ha escrito su primer libro que ya está a la venta en formato E-book en diferentes tiendas virtuales y que a fines del 2015 saldrá impreso. Muchos años después de dejar Chile su país nativo, Iván encontró un hogar en los Estados Unidos donde estudió periodismo en la Universidad de Utah State. Siempre con el interés de encontrar una historia que, no tan solo entretuviera al lector, sino que además los trasladará en un viaje espectacular. En esta, su primera publicación relata la dramática vida de su tío Juan de Dios Rivera. Iván Quezada ahora vive en Houston Texas, donde ejerce la docencia y preside una organización dedicada al mejoramiento de la educación rural en Centroamérica y se encuentra en constante búsqueda de su próxima historia a relatar.

 

CARTA AL LECTOR

El objetivo de este libro es transportar a al lector hacia la vida íntima de Juan de Dios Rivera hijo desde un principio de su vida y aún mucho años antes, hasta el día de su trágica partida.  Este recuento de su vida es la única forma de poder llegar a entender con claridad el tipo de persona que realmente él fue como hermano, tío y amigo; una persona que cada día, particularmente yo he echado de menos.

Es importante dar a conocer que después de hacer una investigación de un poco más de un año, junto a las historias que Juan personalmente me conto durante el transcurso de algunos años y la ayuda de muchos, esta biografía y memoria de mi tío se enfoca en los eventos más importantes de su vida.

Esta biografía está escrita en parte como un tributo a mi tío Juan, quien siempre estime mucho y la persona con quien compartí muchos momentos juntos. Llegue a conocer a Juan de Dios Rivera en el año 1993, el año siguiente después de haber terminado mis estudios en Estados Unidos.

En ese año, con solo 18 años de edad, llegue a Chile, el país que me había visto nacer, pero que era desconocido para mí, después de haber salido casi una década antes al extranjero, junto a mis padres.            

Durante el tiempo que había vivido en Chile cuando era pequeño, no llegue a conocer bien a Juan, solo con el conocimiento que era un tíomás de los muchos por parte maternal. Mi conocimiento en cuanto a él se limitaba que era hermano mayor de mi madre y que en dos ocasiones  había viajado por algún tiempo por varios países de América Latina con Iván, mi padre.

En sus viajes, los dos hombres habían recorrido por una infinidad de carreteras una innumerable cantidad de kilómetros, compartiendo muchas experiencias en la búsqueda de un futuro mejor, tanto para ellos, mi madre, mi hermano menor Marcos y yo.

Recuerdo claramente que después de cada viaje, mi padre me contaba las aventuras que había pasado, la gente que había conocido, los lugares que había visitado, todo junto con algún regalo que solía traerme. Con la ayuda de un mapa, sus viajes habían sido una forma mágica de abrir mis ojos hacia un mundo desconocido, aprendiendo algunas palabras en algún idioma extranjero que el con paciencia me enseñaba.  A tan joven edad, todo esto sin duda había causado una gran impresión y curiosidad por algún día viajar como él lo había hecho.

Cuando llegue a Chile, después de vivir en el extranjero, la conexión entre mi tío Juan y yo fue casi inmediata. Su forma de ser era muy apacible y me agradaba mucho escuchar las muchas historias de sus viajes, al igual como había disfrutado las historias de mi padre.

Al haber vivido en el extranjero, comprendía muy bien lo que Juan me decía en cuanto a sus aventuras. Estas revivían recuerdos de las muchas experiencias similares que anteriormente había visto pasar a mis padres y muchas de las que yo mismo había vivido afuera de Chile.

En aquellos años, un joven que llegaba a Chile sin realmente conocer su propio país y cultura, necesitaba de alguien que le sirviera de guía y Juan era la persona perfecta. Durante las muchas caminatas que hicimos juntos de la casa de mi abuelita Carolina hasta el centro, la vega central, la estación de trenes, Talcahuano y muchos otros lugares, fueron la oportunidad perfecta para aprender de aquel hombre que tenía un conocimiento infinito en cuanto a muchas cosas.

Aquel hombre que caminaba con pasos agigantados y que me tocaba casi correr para mantenerme a su lado, llego a ser como mi propio padre, en un tiempo que necesite mucho apoyo y ayuda en un lugar desconocido. Nuestro enlace fue tan grande que después de un tiempo, el comenzó a llamarme “hijo” y yo a él “papi”

Después de varios años que viví en Chile, los buenos recuerdos de mi querido tío Juan y un sentimiento de culpa, son los que me han impulsado a escribir este libro. Volví a salir de Chile en 1999 y tuve la oportunidad en varias ocasiones de regresar de visita, en las cuales junto a mi tío,continúe compartiendo historias y conversaciones que solo los dos podíamos comprender.

El viaje que hice a Chile en junio del año 2012, donde sería la última  vez que vería a Juan con vida, pude darme cuenta que algo había cambiado en él. Carolina, su madre y mi abuelita había fallecido 2 años antes y eso lo había afectado mucho. En lo que serían casi dos años siguientes, las pocas veces que pude hablar con él por teléfono, eran solo chistes, risas y recuerdos de tiempos antiguos.

Con el tiempo, las oportunidades de comunicarme con él fueron limitadas debido a mis ocupaciones junto a mis hijos, el trabajo y la vida ajetreada en el extranjero. Las llamadas telefónicas de mi parte ya no eran muy constantes, mis ocupaciones me habían absorbido; o más bien dicho, me había dejado absorber.